El Sistema Nacional Integrado de Cuidados, y las desigualdades que no se pueden tolerar más.

¿Qué lugar ocupa actualmente el desarrollo de un sistema nacional de cuidados en la agenda social del gobierno, y qué avances ha habido en esa materia?

Tenemos una agenda que podríamos llamar la agenda de las políticas sociales, que tiene varias prioridades, tres de ellas muy conocidas, que son eliminar la indigencia, reducir la pobreza a la mitad, y masificar la educación. Éstas son las prioridades más reiteradas pero no son los únicos compromisos programáticos del Frente Amplio, tenemos otros entre los que está la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados. Al Sistema Nacional de Cuidados hay que entenderlo como la profundización del Plan de Equidad. Este Plan estableció las bases en el período pasado de la llamada Matriz de Protección Social del Uruguay, es decir, las grandes líneas de políticas que construyen el bienestar de la población; una de las cuestiones que quedó pendiente del período anterior, pero que ya estaba pensada dentro de esa Matriz, es la necesidad de que el Estado responda a los nuevos riesgos sociales, riesgos como los que se presentan cuando se envejece, o cuando se tiene una discapacidad, o cuando se es un niño en la primera infancia. En esas circunstancias somos o podemos llegar a ser personas dependientes, en el caso de los niños es claro, en el caso de las discapacidades algunas te pueden llegar a hacer dependiente, otras no, al igual que en el vejez, en este caso por ejemplo tenemos el “el envejecimiento del envejecimiento”, cada vez hay más uruguayos mayores de 80 años, quienes muchas veces no son autoválidos, son dependientes y necesitan cuidados. Si construimos una Matriz de Protección Social para todos los uruguayos a lo largo de toda la vida, también el Estado tiene que ver con los cuidados que esas personas merecen. En la actualidad, quienes se encargan de esos cuidados son las mujeres, las familias en primer lugar, pero en general las mujeres, excepto aquellas familias que pueden comprar esos cuidados en el mercado. La apuesta es a generar una política pública, social, que comience respondiendo a esos riesgos sociales, a esas necesidades de cuidados a los sectores más pobres, pero que los trascienda, que llegue también a los sectores de ingresos medios, que también necesitan cuidados, y que no tienen la capacidad económica como para comprarlos en el mercado. Esa es una de las líneas, por otro lado, también supone regular los servicios que hoy están en el mercado, como los servicios de compañía, o las residencias para la tercera edad.
El Sistema de Cuidados se instala como una prioridad en la construcción de políticas universales de largo plazo. Otras políticas que estamos lanzando son políticas de respuesta a situaciones focalizadas y que apuntan a un corto y mediano plazo, como por ejemplo abatir la indigencia y reducir la pobreza, pensados a cinco años, mientras que cuando pensamos en el Sistema de Cuidados lo hacemos a 20 años, a largo plazo, considerando cómo el Estado responde a la situaciones en las que la población necesita una asistencia.
Estarían marcando claramente el ingreso de un nuevo actor prioritario, además de la familia y el mercado, el Estado pasa a ser también protagonista.
El Estado ya viene desarrollando algunas respuestas, pero esas respuestas son insuficientes. Un ejemplo es en la primera infancia, en que hay una respuesta en la atención de 0 a 3 años, pero está concentrada en el plan CAIF y en los sectores más pobres, sin llegar a cubrir a todos los sectores pobres. Otros ejemplo, son algunas transferencias a personas por edad o por tener una discapacidad. El objetivo es tener un abordaje mucho más integral, más abarcativo, de ahí el nombre de Sistema Nacional “Integrado” de Cuidados, no busca respuestas parciales, sino respuestas integradas, coordinadas, en una visión sistémica del asunto en lugar de una visión fragmentada.
Resumiendo, podríamos decir que el Estado hoy da respuesta a algunas situaciones, y lo hace de forma fragmentada, y en algunos casos insuficiente. Lo que tenemos que hacer es dar respuesta al conjunto de las situaciones de forma integrada y suficiente, que dé soluciones lo más adecuadas, pertinentes y oportunas posible a los nuevos riesgos sociales, y a lo largo de toda la vida. Se relaciona con la idea que tenemos de Estado de Bienestar, que brinda respuestas a situaciones que van surgiendo a lo largo del ciclo de una persona.

¿En qué etapa se encuentra el desarrollo del Sistema de Cuidados?

Estamos en una etapa de desarrollo de grandes líneas, de marcar los ejes, por ejemplo, cuando hablaba de no sólo generar una política hacia los sectores más pobres (aunque comencemos por allí y los prioricemos), sino también hacia sectores de ingresos medios, estoy hablando de que queremos una política de alcance universal, es decir, para todos los uruguayos. Estamos en el momento de las definiciones macro que orientan el trabajo que vamos a emprender, que tiene que ver con la investigación, la búsqueda de acuerdos, y la generación de algunos proyectos piloto que permitan evaluar como funcionaría el Sistema de Cuidados.
Existen muchas propuestas concretas de cómo debería ser ese Sistema, pero profundizar mucho en ellas en este momento sería adelantarse a la discusión y saltearnos pasos. Se puede hablar, por ejemplo, desde transferencias directas a las familias para que puedan acceder al mercado de este tipo de cuidados, o la provisión pública de esos servicios, o esquemas mixtos. Lo cierto es que el abanico está abierto, y las alternativas concretas a implementarse responderán a las definiciones macro de las que hablábamos, a los acuerdos a los que podamos llegar y a las evaluaciones que hagamos de los proyectos piloto que llevemos a la práctica.
Estamos apostando a financiar con fondos de la cooperación este proceso: investigación, búsqueda de consenso y proyectos piloto. Todo esto tiene un ámbito muy concreto que es el Consejo Nacional de Políticas Sociales, ya que dentro de las definiciones macro incluimos que un Sistema Nacional de Cuidados sólo puede ser inter – institucional. Un sistema de esta naturaleza no puede estar en una única institución, deben interactuar varios actores que son centrales como el Banco de Previsión Social, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Educación y Cultura (que tiene a su cargo la regulación de las guarderías, los jardines de infantes), y el MIDES (como articulador de políticas sociales), que puedan llegar a diseños conjuntos de este Sistema. Incorporando además al Parlamento, a los Partidos Políticos; todos en sus plataformas han incluido este tema como un tema importante por lo que hay expectativa de generar buenos consensos, y sobre todo incluir a los actores que han venido trabajando esta temática: hay redes, organizaciones de la sociedad civil, centros académicos, cuyo aporte es imprescindible para esta discusión. Agregaría además actores como la CEPAL, o programas como el PNUD, el Fondo de Población, UNIFEM, que también son actores relevantes en estas discusiones, discusiones que están en la agenda internacional también, no sólo en Uruguay.

Decías antes que generalmente estas tareas recaen sobre las mujeres. La implementación de un sistema de estas características ¿qué efectos tendría sobre la distribución del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres?

Se trata de otra de las líneas macro. Si este proceso es exitoso, puede llegar a ser la principal política de género del país, porque afecta el núcleo duro de la desigualdad entre hombres y mujeres que está dentro del propio hogar, en el mundo de lo privado. En general se ha partido de una visión de los roles de hombres y mujeres en la que el hombre tiene un rolo productivo y las mujeres un rol reproductivo: el hombre fuera de la casa en el trabajo, la mujer dentro de la casa en estas tareas que ni siquiera se habían considerado trabajo. En realidad es una innovación separar la idea de empleo de la de trabajo, en la que empleo es un trabajo remunerado, pero también es trabajo, en este caso no remunerado, lo que se hace en el hogar. Un Sistema bien pensado puede alterar esa desigualdad en un sentido igualitario, un sentido de una distribución más equitativa de las tareas en el hogar. Esto no se va a producir solamente por un Sistema de Cuidados, es una batalla cultural y política mucho más amplia, pero en este sentido, puede tener uno de los ejes centrales. Esto también depende de cómo se piense el Sistema de Cuidados, queremos apostar a un Sistema que descargue a las mujeres de este rol de cuidados. No significa que no se dediquen más a esta tarea, sino que se liberen de ese peso, de esa enorme cantidad de horas de trabajo no remunerado. Esto quiere decir que el Sistema de Cuidados no debería centrarse en fijar a las mujeres en ese rol, si lo único que se hace es una transferencia a las mujeres que se dedican al cuidado de otras personas, lo que podemos llegar a hacer es “fijar” a las mujeres en ese rol, y no aliviar esa dedicación, entonces las alternativas que se encuentren dentro de Sistema, también deben ser pensadas en base a si están cambiando esa distribución del trabajo no remunerado. La apuesta es que a través de esta política garanticemos los derechos de las personas a ser cuidadas, pero también garanticemos los derechos de las mujeres que muchas veces están coartados por esta tarea, por ejemplo en su participación política, o en su inserción laboral, en las horas que pueden dedicar al trabajo remunerado, o en sus posibilidades de ascenso en sus trabajos. Hay un trabajo muy interesante coordinado por Rosario Aguirre que se llama “Las Bases Invisibles del Bienestar Social” donde queda patente la distribución desigual del tiempo en el hogar, aproximadamente las mujeres dedicarían unas 36 horas semanales al trabajo no remunerado y los hombres dedicarían 16 horas. Queremos alterar eso, no sólo a través del diseño de un Sistema de Cuidados, sino también a través de otras medidas como ampliar las licencias parentales, por ejemplo, que debería acompañar todo este proceso. También hay un cálculo muy interesante sobre el trabajo no remunerado, si uno lo cuantifica y lo valora, puede llegar a representar un 30% del Producto Bruto Interno. En el período pasado dimos los pasos para visibilizar el fenómeno, a través de la Encuesta del Uso del Tiempo, por medio de la cuantificación de qué valor tiene el trabajo no remunerado, y en este momento estamos en la etapa del diseño de políticas para cambiar esta situación, en base a estas investigaciones.

Las familias no deberían ser las únicas que cargan con el peso de los cuidados, la sociedad debe compartir esta carga, y debe dar una respuesta a través del Estado, a través de múltiples estrategias. Cómo nosotros nos procuramos un cuidado, es un derecho, entonces no puede estar librado a la desigualdad económica, tiene que estar pensado como un derecho humano, y no como el derecho de un consumidor, sino como el derecho de un ciudadano. Esto te obliga a tener respuestas públicas a estos problemas, no sólo estrategias familiares, más en una situación donde baja la tasa de natalidad, la mujer se integra masivamente al mercado de trabajo, la población envejece cada vez más. Todas estas cosas hacen que una respuesta pública sea totalmente necesaria, incluso, como una estrategia de país, a futuro.

Decías algo muy interesante que era, por un lado el derecho que tiene cada ciudadano de ser cuidado, pero también los derechos que tiene el cuidador, que generalmente ejerce una tarea sin remuneración y con un muy bajo reconocimiento social. ¿También están concibiendo el lugar que ocupa el cuidador dentro del Sistema?

Esto me parece fundamental, pensar las políticas, y sobre todo las políticas sociales desde una perspectiva de derechos, no meramente asistencialista o residual y en función del mercado. Lo que tenemos que pensar es que hay ciertos derechos, que son derechos sociales, como el derecho a tener una vida digna, un nivel de vida adecuado, una seguridad social adecuada, y esos derechos los tenemos que garantizar, lo que supone que los ciudadanos no son simplemente beneficiarios de nuestra políticas, sino que pueden exigir esos derechos y que tendrían que tener mecanismos para hacerlo. La respuesta del Estado irá de acuerdo a los recursos que tiene, pero deberá hacer el mayor esfuerzo posible en función de sus recursos y el contexto. Se trata de la perspectiva de derechos: un sujeto de derecho puede reclamar por ellos e incluso llevar el tema a la justicia, y el Estado tiene la obligación de dar una respuesta en el máximo de sus posibilidades, y esa respuesta tiene que ser progresiva y no regresiva, es decir, no tener retrocesos.

Del lado de quienes cuidan, sobre todo hablando del derecho de las mujeres, que son en general las que se ocupan de los cuidados, la perspectiva de derechos también nos permite ver cómo los derechos están vinculados. Cuando pensamos en garantizar el derecho de las mujeres al trabajo, esta política es una de las políticas fundamentales: todos tenemos derecho a tener un trabajo digno y de acuerdo a nuestras posibilidades, nuestros talentos, nuestras capacidades. Con políticas de estas características también estamos garantizando el derecho al estudio, pensemos en los muchos casos de mujeres que no pueden estudiar porque han tenido hijos y eso les condiciona el resto de la vida. Tenemos que garantizar el derecho al trabajo, pero también el tener tiempo para ejercer otros derechos, como es el caso de la participación política, que exige tiempo que muchas veces está dedicado al cuidado. En general, la política está diseñada para ser ejercida por hombres, introducir este tema también tiene repercusiones en esos otros espacios. Es muy interesante pensarlo de una forma integral, lo ideal es que no sea sólo el diseño de una política, sino que sirva como impulso para pensar este tema desde un punto de vista político amplio, y desde un punto de vista cultural. Por ejemplo, un sector político podría pensar como rediseñar la participación política para que el hecho de tener hijos, o niños enfermos, o personas mayores o con discapacidad no implique restar tiempo a la participación. Este es un desafío que trasciende a este proyecto, y que hace a la calidad de la democracia, y en qué tipo de sociedad queremos vivir, y qué desigualdades toleramos y qué desigualdades no toleramos más, y me parece que para la desigualdad de género llegó la hora de decir “no se tolera más”, así como otras desigualdades con las que convivimos a diario.

Tampoco podemos tolerar la discriminación por etnia o raza, la discriminación a los migrantes, a las diversas opciones sexuales, la discriminación por tener una discapacidad. En algunas hemos avanzado más, en otras menos, pero es una de nuestras líneas de trabajo: transversalizar las políticas sociales con una perspectiva de derechos, y transversalizarlas con una perspectiva de igualdad y no discriminación.

Por ejemplo, uno de los estudios que queremos impulsar es cómo la población afro descendiente encara los cuidados, que no necesariamente tiene que ser igual a cómo lo encara la población no afro descendiente, por herencia cultural y formas de organización familiar. Un Sistema de Cuidados tiene que aspirar a ser universal, pero esto no quiere decir ser exactamente igual para todos, sino que quiere decir “a todos el mismo derecho”, pero con los mecanismos diferenciales necesarios para conocer realidades diferentes. Si por ejemplo la estrategia de cuidados en las familias afro descendientes llegara a ser diferente, la respuesta tendrá que ser diferencial. La garantía del derecho es la misma, pero la respuesta tiene que ser diferencial. De igual modo en la pobreza, donde encontramos más hogares con jefatura de familia unipersonal femenina, no se puede tener la misma respuesta que para una familia tradicional en la que el varón provee el ingreso y la mujer que se encarga de los cuidados dentro de la familia.

LIC. ANDRÉS SCAGLIOLA, DIRECTOR NACIONAL DE POLÍTICAS SOCIALES (MIDES)

ENTREVISTA: LUCIA RODRIGUEZ, SECRETARIA DE LA DIPUTADA BERTHA SANSEVERINO